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¿Por qué software libre en las aulas?

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A pesar de que en niveles educativos previos al universitario algunas comunidades autónomas han apostado firmemente por el uso de software libre para la docencia, dentro del ámbito de la universidad sigue imponiéndose un modelo basado en el uso de software privativo. La elección de los programas usados en el aula se ampara en la libertad de cátedra del profesor y se guía por consideraciones que deberían ser objetivas, algunas de las cuales como la calidad del producto y su adecuación a los descriptores de la asignatura son, por supuesto, requisitos previos. Pero en la mayoría de los casos, existe más de un programa informático que cumple razonablemente bien los requisitos anteriores, por lo que, para la definitiva elección, es preciso recurrir a consideraciones adicionales. Con frecuencia, estas consideraciones han estado relacionadas con la tradición y la inercia a usar las mismas herramientas de años anteriores.

Aunque raramente se tiene en cuenta una cuestión que, en la práctica, puede tener una gran importancia: la licencia del producto o los productos elegidos y las connotaciones que este factor implica.

Las primeras de estas connotaciones, quizás aquellas que pueden resultar más evidentes, están relacionadas con las restricciones que los programas con licencia privativa imponen para su uso. Por ejemplo, en la mayor parte de los casos, este tipo de licencias impone restricciones sobre el número de ordenadores en los que el software puede ser usado o en la localización de los mismos. Esto significa que, para que un programa pueda ser usado en las aulas, es necesario que la universidad apruebe la inversión necesaria para la adquisición de suficientes licencias y, además, que este no podrá ser utilizado en puestos diferentes a aquellos en los que su uso esté autorizado: aulas de informática distintas de las previstas, puestos de libre acceso, hogares de los alumnos o de los profesores...

Además, las restricciones de tipo económico dificultan la posibilidad de que los alumnos puedan utilizar y comparar diferentes herramientas en el aula. Pero la velocidad con la que evoluciona la sociedad de la información puede hacer que tecnologías que hoy son hitos incuestionables sufran mañana severos cambios e incluso lleguen a ser superadas y olvidadas en cuestión de años. Por tanto, una formación basada en la excesiva dependencia de una única herramienta comercial puede llegar, con el tiempo, a ser obsoleta. Los estudiantes deberían estar formados en habilidades generales, en conocimiento neutral, y no en los productos concretos de una marca comercial. Solo de esta manera se garantizará el carácter universal de los conocimientos adquiridos y se evitará que la no disponibilidad de un producto o sus carencias evidencien las lagunas del proceso formativo. El software con licencia libre, como contrapunto, permite -y de hecho fomenta- el disponer de varias herramientas a la vez, complementarias o capaces de interactuar entre sí, cada una de las cuales contará con sus puntos fuertes y sus debilidades. Aunque el profesor se decante por una de ellas, siempre podrá ofrecer a sus alumnos la enriquecedora posibilidad de experimentar con otras, de resolver un mismo problema desde distintas perspectivas y de saciar su curiosidad a aquellos que cuenten con mayores inquietudes.

Conviene destacar, además, que la dependencia de una herramienta privativa en el ámbito educativo conlleva problemas éticos añadidos, puesto que de forma irremisible provoca en el alumnado la seducción por una marca cuyo precio hará que, en la mayoría de los casos, no pueda ser adquirida legalmente, incitando su copia ilegal . En el otro extremo se sitúa el caso del software libre permitiendo que el profesor comparta con sus alumnos, con toda legalidad, las herramientas utilizadas (quizás, acompañadas de material docente propio), facilitándoles reproducir en sus hogares el entorno de trabajo del aula. Más aún, al usar en el aula una herramienta con licencia libre, el profesor cuenta con ventajas adicionales a la hora de la planificación y el desarrollo de la asignatura, derivadas de tener la garantía de que un programa con software libre podrá ser instalado y usado por los alumnos en su propio domicilio , y de que esta herramienta podrá ser instalada y usada en tantos puestos como sea necesario.

Por otra parte, en un nivel superior, el software libre ofrece la interesante posibilidad de que los alumnos puedan acceder al código fuente, a la forma en que está programada la herramienta que están utilizando en clase. Esto tiene, en física, el gran valor de poder estudiar la manera en la que un programa de primer nivel implementa en la práctica los algoritmos que han sido estudiados en las clases teórico-prácticas. El poder observar y modificar el código de un programa profesional, utilizado por miles de personas de todo el mundo, constituye una experiencia tremendamente gratificante, de gran valor docente, como refuerzo y motivación.

Y en último lugar, uno de los argumentos más importantes pero, con frecuencia, no suficientemente valorado, debido quizás al desconocimiento del software libre y a la asimilación social de los valores que conlleva el software privativo: impulsando el software libre en el aula y con él los valores éticos asociados, estaremos basando la educación en pilares como la libertad, el conocimiento, la solidaridad y la colaboración, metas expresamente reconocidas en los estatutos de todas las universidades españolas.

 

 

por Nabla no es un Vector. Ver artículo original aquí

 

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